Más de 800.000 habitantes de Gaza corren peligro de inundaciones, según la ONU, mientras una poderosa tormenta invernal arrasa la Franja.
Las fuertes lluvias ya han inundado los campamentos y provocado el derrumbe de varios edificios.
Un chorro constante de agua se cuela por las aberturas de la tienda que Ghadir al-Adham comparte con su esposo y sus seis hijos en la ciudad de Gaza. Su familia sigue desplazada tras la guerra y a la espera de que comience la reconstrucción.
«Aquí estamos, viviendo una vida de humillación», declaró a la BBC. «Queremos caravanas. Queremos que nos reconstruyan las casas. Anhelamos hormigón para calentarnos. Todos los días me siento y lloro por mis hijos».
Dos meses después del cese del fuego impuesto por Estados Unidos, Gaza está estancada en la primera fase del plan de paz de Donald Trump: su territorio dividido entre las partes en conflicto, su gente aún desplazada y rodeada de escombros.
Punto de fricción
Los planes para nuevas viviendas -y un nuevo gobierno- están congelados en la siguiente etapa del acuerdo de paz de Donald Trump, mientras continúa la búsqueda del último rehén restante en Israel, Ran Gvili.
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ha insistido en que Hamás debe devolver a todos los rehenes de Israel, vivos y muertos, antes de que las dos partes pasen a la siguiente etapa, más difícil, del acuerdo de paz.
Sin embargo, varias búsquedas entre los escombros de Gaza no han dado señales de él hasta el momento. Gvili fue capturado durante los ataques de Hamás del 7 de octubre: un policía que se recuperaba de una fractura de hombro y fue a defender el cercano kibutz Alumim.
A sus padres, Talik e Itzik, les dijeron el año pasado que no había sobrevivido.
El camino hacia su casa en Meitar, en el sur de Israel, está lleno de pancartas que le rinden homenaje, y a lo largo de ellas ondean las banderas amarillas en recuerdo de los rehenes de Israel.
«Nos robaron a nuestro hijo, nos lo robaron», me dijo su madre Talik.
«Saben dónde está», dijo Itzik. «Solo intentan esconderlo o retenerlo. Están jugando con nosotros».
Creen que Hamás quiere conservar a su hijo como póliza de seguro ante futuras negociaciones, después de devolver a todos los demás rehenes, tanto vivos como muertos.
En respuesta, un funcionario de Hamás dijo a la BBC que sus acusaciones eran falsas y que Israel estaba tratando de evitar la implementación del acuerdo.
Pero como no hay señales del cuerpo de Gvili y la presión de Washington está creciendo, sus padres dicen que cuentan con que los líderes de Israel no sigan adelante antes de que encuentren a su hijo.
«Todos en el gobierno de Israel nos dicen: ‘No, no pasaremos al segundo nivel hasta que Ran regrese’. Esa es su promesa», dijo Talik.
Muchos en Israel creen que sería políticamente difícil para Netanyahu llevar a cabo los próximos pasos del acuerdo, incluyendo la retirada de las fuerzas israelíes hacia el perímetro de Gaza, si al menos un rehén sigue desaparecido en Gaza.
El tiempo ‘se acaba’
Tanto Israel como Hamás se enfrentan a concesiones difíciles en la siguiente etapa del acuerdo. Para Hamás, significa entregar armas y poder. Para Israel, entregar la seguridad a una fuerza internacional de estabilización.
Y es también por esto que los líderes de ambos lados pueden estar dudando, dice el general retirado Israel Ziv, ex jefe de la Dirección de Operaciones militares de Israel.
«Israel y Hamás comparten el mismo interés en no avanzar tan rápido hacia la segunda etapa», me dijo. «Hamás no quiere perder el control, y el lado israelí, por razones políticas, también prefiere permanecer en Gaza, ya que nadie quiere explicar a sus bases que tienen que retirarse».
Dice que Trump es el único que puede obligar a ambas partes a avanzar, y que el tiempo se está acabando.
«Si esperamos, creo que podríamos perder la oportunidad, porque Hamás se está reorganizando y está recuperando fuerza», explicó. «Tenemos que respirar hondo y seguir adelante con ese plan, porque seguir así es el peor escenario posible».
El desarme de Hamás —de una manera que ambas partes acepten— se considera el primer gran obstáculo. Sin él, es improbable que ningún país extranjero envíe tropas para asegurar la Franja, y es improbable que comience la reconstrucción en las zonas controladas por Hamás.
A principios de esta semana, Netanyahu sugirió que era escéptico de que naciones extranjeras pudieran completar la tarea en lugar de Israel.
«Nuestros amigos en Estados Unidos quieren intentar establecer una fuerza internacional que cumpla con su tarea», dijo. «Sabemos que esta fuerza puede realizar ciertas tareas. No quiero entrar en detalles; no pueden hacerlo todo, y quizá no puedan hacer lo principal, pero ya veremos».
Trump ansioso por actuar con rapidez
Gaza está actualmente dividida en dos por la llamada línea amarilla, que marca los límites de las fuerzas israelíes bajo la primera etapa del acuerdo de alto el fuego.
El jefe del Estado Mayor militar de Israel se refirió recientemente a ella como una «nueva línea fronteriza», lo que desató acusaciones de que Israel estaba indicando su intención de permanecer allí a largo plazo.
Este mes, el primer ministro israelí y Donald Trump se reunirán en Florida para discutir cuestiones clave, entre ellas cómo desarmar a Hamás.
El presidente estadounidense, que ya ha negociado un alto el fuego en Gaza e impulsado su plan de paz en el Consejo de Seguridad de la ONU, ha expresado abiertamente su deseo de avanzar con el proceso.
Esta semana, declaró a la prensa que a principios del próximo año anunciaría la composición de la recién creada Junta de Paz para Gaza. «Será una de las juntas más legendarias de la historia… Todos quieren formar parte de ella», afirmó.
También hay informes generalizados de que, bajo presión de Washington, Israel está comenzando a trabajar para limpiar los escombros, en preparación para un nuevo proyecto de viviendas temporales en el área controlada por Israel de Rafah, en el sur de la Franja.
Según se informa, las nuevas viviendas podrían proporcionar refugio a decenas de miles de habitantes de Gaza, a condición de que estén dispuestos a cruzar a las zonas controladas por Israel y se sometan a controles para detectar cualquier vínculo con Hamás.
Algunos lo ven como parte de un plan para atraer a los gazatíes a zonas controladas por Israel y aislar a Hamás. Un pequeño número de personas ya ha cruzado a estas zonas, a campamentos establecidos por grupos armados apoyados por Israel.
Pero muchos habitantes de Gaza –incluso aquellos que quieren reemplazar a Hamas– dicen que se niegan a vivir bajo el control israelí.
Es un atisbo de un futuro alternativo para Gaza, si esta segunda etapa del plan de Trump fracasa; un futuro en el que Gaza, ya dividida, se dividirá aún más.