Olvídense de cualquier conversación sobre el desprendimiento de las ruedas de Falkirk.

Creo que es justo decir que nuestra victoria por 1-0 a domicilio en Kilmarnock el sábado no fue precisamente una maravilla, pero ¿saben qué? Fue un placer.

A veces peleado, en otros nervioso, pero al final consiguió otros tres puntos vitales.

Olvídense de cualquier conversación sobre el fracaso después de dos derrotas consecutivas y cuatro partidos sin marcar: el éxito del sábado demostró una vez más que la resiliencia que nos ha traído hasta aquí está muy viva y coleando.

Dos derrotas recientes no nos dejaron desanimados. Fuimos disciplinados, concentrados y, al final, merecidos ganadores. ¿Y lo mejor? Esa determinación y coraje revelaron una faceta diferente de nuestro juego, una que augura un buen futuro para la segunda mitad de la temporada.

Nos pusimos manos a la obra, nos plantamos y conseguimos una valiosa victoria en un estadio que nos ha perseguido durante años: la decepción del play-off, el descenso a la máxima categoría y todos los malos recuerdos que conlleva. Sin embargo, al pitido final, Rugby Park ya no parecía tan maldito.

Más de lo mismo contra Dundee en Dens Park este sábado sería la manera perfecta de culminar lo que ha sido un año verdaderamente especial para todos los relacionados con el club.

Deja un comentario