Para no olvidar: ejecuciones extrajudiciales en el Hospital de Ayacucho

Memoria 12 de diciembre de 2022
En esta nota de La Factoría, recordamos los pasajes de las ejecuciones extrajudiciales ocurridas en el Hospital de Ayacucho, en marzo de 1982.

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“Muchas historias están en el olvido”, así reseña el antropólogo Lurgio Gavilán la realidad de miles de víctimas, cuyos asesinatos durante el conflicto armado interno han quedado en el más absoluto olvido. En esta nota de La Factoría, recordamos los pasajes de las ejecuciones extrajudiciales ocurridas en el Hospital de Ayacucho.

El 3 de marzo de 1982, dentro del Hospital de General de Ayacucho se registraron graves violaciones de los derechos humanos cuando tres personas acusadas de terrorismo fueron ejecutadas extrajudiciales por fuerzas combinadas de la Policía Nacional.

Según la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), Eucario Najarro Jáuregui y Amílcar Vicente Urbay Ovalle (19), subversivos heridos durante el asalto al penal de Ayacucho, estaban internados en el Hospital de Ayacucho. También otros detenidos Jimmy Roussell Wensjoe Mantilla (26), Carlos Vidal Alcántara Chávez (20) y Filipina Palomino Pacheco se encontraban en dicho lugar con custodia policial.

Tras concluir el asalto al penal por parte de los senderistas que buscaban la libertad de sus compinches, los altos mandos de las fuerzas policiales en la región mantuvieron una reunión. Luego, fuerzas combinadas de la Policía arribaron al Hospital General en una camioneta de la PIP. El objetivo era venganza al más puro estilo del viejo oeste.

Un grupo se dirigió a la habitación de Urbay Ovalle, a quien le dispararon cuando se encontraba tendido en su cama, mientras que otros se dirigieron a la sala para detener a Wensjoe Mantilla, que estaba en ese momento con una pierna fracturada. Ambos fueron golpeados y forzados a subir a la camioneta de la PIP. 

Alcántara Chávez fue brutalmente golpeado y, luego, ejecutado arbitrariamente a balazos en el mismo hospital. Su cadáver fue llevado al automóvil policial y arrojado a 20 metros del hospital. Jimmy Wensjoe y Amílcar Urbay también fueron ejecutados a balazos y sus cuerpos abandonados a unos metros del hospital. 

Eucario Najarro Jáuregui y Filipina Palomino Pacheco lograron sobrevivir. Najarro fue golpeado y los agentes, creyéndolo muerto, lo abandonaron en el hospital. Palomino pudo evadir a sus captores. 

¿Cómo recuperar a una región de su historia de conflicto? 

El antropólogo Lurgio Gavilán contó que hay organizaciones sociales y políticas en Huamanga que muestran preocupación por el tema de la memoria, aunque las políticas públicas brindadas hasta el momento son insuficientes para atender a todas las víctimas del conflicto armado interno. 

“La CVR recomendó llevar psicólogos que puedan ayudar para la salud mental, pero no se abastece. Hay miles de víctimas y no se puede reparar a todas las personas. Es insuficiente”, dijo. 

Gavilán, autor del libro ‘Memorias de un soldado desconocido’, señaló que es necesario dialogar sobre el conflicto armado, aunque no es fácil y las memorias han ido viajando en silencio. 

“Es necesario conversar, pero cuando se hace no se puede hablar libremente, porque te pueden tildar de apologista. Otra cosa, el conflicto armado ha sido también entre prójimos, vecinos, familiares. La política también ha satanizado al otro. Es complicado, a pesar de que ha pasado tanto tiempo”, reflexiona Gavilán.  Es por toda esa complejidad que usar como expresión única de lo vivido "terrorismo" es insuficiente para explicar el horror que significó el conflicto armado interno. Como este caso, policías heridos en su orgullo, por no haber podido contener un ataque senderista, donde murieron policías y donde escaparon los delincuentes, terminó convirtiéndose en una venganza personal e institucional dentro de un hospital.

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