Katya Adaui: "La memoria no es una entidad fiable"

Cultura 10 de noviembre de 2022 Por Melissa Barrenechea
En esta entrevista con La Factoría, Adaui reflexiona sobre los diferentes pasajes de su obra, además de comentar el difícil contexto social para las mujeres

katya-adauiFoto: Feria del Libro de Lima

Katya Adaui (Lima, 1977) ha publicado 'Quiénes somos ahora' (Random House), una novela que relata la construcción de la identidad de la protagonista. En esta entrevista con La Factoría, Adaui reflexiona sobre los diferentes pasajes de su obra, además de comentar el difícil contexto social para las mujeres, en momentos de ascendencia de discursos ultra derechistas y conservadores.

¿Por qué empezaste a escribir y cómo le diste forma a tu obra ‘Quiénes somos ahora’?

Quería hacer un viaje en el tiempo: del presente al pasado. A partir de fragmentos de memoria que fueran construyendo el esfuerzo de una vida, de una escritora, por encontrar su lugar en el mundo, mientras va pasando por migraciones, viajes, desamores, encuentros, alegrías, microviolencias, duelos, la construcción de una identidad y de una vida. 

¿Qué elementos biográficos tiene tu obra ‘Quiénes somos ahora’?

No hay forma de escapar de la propia autobiografía. Lo que hacemos con eso es ficción, aceptando que la memoria va a ficcionar. La memoria está unida a la imaginación, distorsión, remedo, capricho. La memoria no es una entidad fiable. Confío en mi escritura mientras voy avanzando, pero desconfiando siempre de mi memoria

No es que te cerciores de que eso fue lo que exactamente ocurrió… 

Es que ¿qué fue lo que exactamente ocurrió? Lo que uno recuerda ya está mediado siempre. Está invadido de una contaminación cruzada que es la exageración o el achicamiento de esas imágenes, las haces más pequeñas, las minimizas. Hay que trabajar sobre ese falso recuerdo. Es muy interesante lo que ocurre en escritura, porque ahí te abre la creatividad. Todos escribimos y editamos. Todos tenemos una memoria que escribe y que edita por nosotros y que va construyendo el relato de nuestra propia vida. Yo trabajo con esos materiales para crear un texto que termina siendo ficcional.

La narración en el libro te lleva al presente como al pasado de quien cuenta la historia. ¿Qué buscas transmitir con esta decisión de llevar al lector al pasado y al presente en el libro? 

Lo que pienso siempre es cómo construyo con esto que tengo una historia que avance dramáticamente en el tiempo, pero que también tenga un lenguaje acogedor, hermoso, vibrante, que palpite. Es un trabajo sobre la construcción del personaje, la progresión dramática, pero también sobre el reverberar de la memoria y de la propia lengua.

¿Cómo fue la elección del tipo de narradora en tu obra? 

Me iba dando cuenta con ese comienzo. El comienzo te va dando una pista: “En 1986, yo tenía nueve años y todos los augurios se anunciaban en el cielo. Chernóbil, el Challenger, el cometa Halley, y el avión de Alitalia que debía traer a mi madre”. Eso me lo repetía caminando, en la ducha. Fui abriendo esa escena y me fui dando cuenta de la estructura. Empieza en una imagen de infancia, con una niña que idealiza a su madre, que llega de viaje, que es una actriz. Luego va avanzando a su propia vida, en Buenos Aires, a su instalación como escritora, a verse a sí misma rodeada de afecto, rodeada de lenguaje, agradecida con la vida. Ahí iba tomando decisiones que siempre iban iluminando ciertas zonas de la historia y apagando otras. No se cuenta todo. Se toman decisiones de edición mientras se avanza. 

En una sociedad como la peruana donde se tiende a idealizar la figura de la madre, ¿cómo fue tu proceso creativo de romper con esa visión idealizada y estereotipada de ser madre en ‘Quiénes somos ahora’? 

No pensaba nunca que este libro era sobre la madre. Este es un libro donde la protagonista es una mujer independiente, que ha logrado afianzarse en su escritura, con mucho esfuerzo. El comienzo está idealizado, pero luego todo se va desidealizando. El gesto más adulto que uno puede tener consigo mismo es ni expectativa, ni idealización, sino tomar las cosas con moderación. Los propios recuerdos, la propia vida, la propia rabia, el propio encono, la propia alegría son como un estado neutro de existencia, que es muy costoso lograrlo, pero se puede lograr, y que tiene que ver con el amor propio. Entonces, pienso más sobre cómo avanza esta mujer por la vida, pese a todo, pese a la madre, pese al padre, pese a la violencia en una ciudad como Lima.  

Hay una sección del libro que me impactó mucho, porque he visto de cerca también cómo el cáncer se lleva a personas cercanas a ti, ¿qué tan difícil fue rememorar esas emociones y llevarlas a esa descripción ya mirándolo varios años después? 

Tú mismo lo dices, la distancia. Creo que es mejor escribir habiendo tramitado la experiencia, en mi caso, viéndola sedimentada en el corazón. Tuve la suerte de haber podido estar ahí para ellos en ese momento, no dejarlos solos. Cuando uno se puede despedir, hay un tiempo para el amor. Pero al mismo tiempo me dio la impresión de que el Perú muere de cáncer, que el Hospital de Neoplásicas está explotado de gente. No había lugar para atender a los nuestros. Lo que tienen las enfermedades es que nos permiten un tiempo para la despedida. Creo que el tiempo de duelo es muy personal. Cada quien tiene su propio tiempo de duelo. No se puede apurar a nadie. Cada quien maneja sus tiempos cómo puede. Creo en el efecto sanador de la terapia psicoanalítica, pero es mi experiencia. No digo que sea así para todos. Para una persona que escribe, tratar de encontrar una cura, a través del lenguaje, es un gesto amoroso, que te instala en el lado de la vida. Para mí la escritura, que es la forma más paciente de la comunicación, te exige contemplación y que exige que el otro, la otra también contemple. Tiene un gesto amoroso que, si bien no es la intención acompañar a sanar, de alguna manera, también acompaña eso. 

Esto me hace pensar en el país durante la pandemia que de un momento a otro no permitió despedidas y que hoy hay un duelo que es difícil de sanar…

Pienso que somos el país con más muertos por millón de habitantes y si pusiéramos los nombres a esas cifras: más de 225 mil personas. Estamos conviviendo con esta necrópolis y seguimos avanzando. No hemos tenido tiempo para el duelo. La gente no se pudo despedir. Murió gente sin vacunas, mientras otros se iban a Miami y se la ponían primero. Eso también nos deja pensar en el egoísmo de cada quien. Me pregunto: ¿Quién quiere un búnker para el fin del mundo? ¿Por qué querría vivir cuando los demás no están? Esa idea del ‘me salvo primero' o ‘me salvo cómo pueda’ siempre me ha sorprendido. Siempre me causa espanto, porque de esto salimos juntos. Si lo piensas es producto de un sistema capitalista, absolutamente neoliberal, que tiene al pobre haciendo cola: cola para el Metropolitano, cola para la vacuna. Pienso que el que menos tiene debería esperar menos. 

En el libro te autorizas a dejar de ser hija. ¿Cómo ocurre ello? 

Creo que está puesto en el libro. Para mí, es abrazar el amor, abrazar mi escritura, seguir con mi análisis, querer a la gente que quiero y que quiere. Tiene que ver con no estar en la turba, no fomentar la rabia, el enojo que es muy propio de nuestros tiempos veloces, fragmentarios, de hiper reaccionar. Para mí, tiene que ver con el cuidado, la discusión, con gente que está dispuesta al cambio, con el debate como acto amoroso y de escucha. Para mí, dejar de ser hija es abrazar la propia adultez y sostener los vínculos amorosos, que nos permiten seguir vivos. 

El libro también aborda pasajes relacionados con el acoso sexual. ¿Crees que las mujeres peruanas se han empoderado de alguna manera en los últimos años?

No puedo hablar por todas, porque cada uno de nosotros, incluyéndote, sabe lo que hasta hoy sufre. No hay caso de mujer peruana que no haya sufrido una violencia alguna vez. Muchas veces, la estadística lo dice, esa violencia ha venido del propio hogar y en la pandemia se exacerbó. Somos un país con cientos de mujeres desaparecidas mes a mes. Las cifras nos espantan y aun así se quiere eliminar la educación sexual integral de los colegios. Tenemos que formar una sociedad menos machista, menos violenta, más paritaria, más amorosa con su población homosexual y trans. Entonces, hay violencias muy graves, hondas y dispares. Creo que depende de la formación de la casa, pero también de políticas públicas. No hablaría de mujeres empoderadas, porque no es un tema tampoco de recuperar solo el poder, sino es un tema de qué hombres estamos formando. Tenemos ascenso de las ultraderechas con un discurso muy anti derechos. 

Precisamente, no puede dejar de preguntarte por esta arremetida conservadora que vive el país, hay iniciativas como pretender cambiar el nombre del Ministerio de la Mujer por el de la Familia. ¿Crees que Lima puede ser más conservadora de lo que ya es? 

Si esta vida aún es posible es porque todavía queda gente buena. Se combate estos ascensos con amor y cuidado, conversando, sosteniéndonos entre nosotros y nosotras. Esto no es espontáneo y esporádico, hay millonarios financiando esto, es un tema de dinero también. Hay que pensar donde uno pone el corazón. 

Estos ataques también van dirigidos contra el movimiento feminista. ¿Cómo podemos reaccionar desde el feminismo a estos ataques retrógrados?

Primero, no compartiendo sus publicaciones. Eso quieren: crear controversia, polémica y que nos peleemos. No compartir. En vez de hablar de ellos, hablar de lo que podemos hacer como comunidad. Pareciera que el mundo estuviera en extinción por esta gente, por el calentamiento global, por la guerra, por los incendios. Pero todavía hay amor, y esto todavía sigue avanzando. No hablar de ellos, no darles cabida, cuando uno los menciona y los postea para quejarse de ellos, les das lugar. A nosotros nos corresponde hablar de otras cosas, de arte, de belleza, de los múltiples hogares que hay. ¿Acaso nosotras no creemos en la familia? Creemos en la familia, pero qué es esa familia, las múltiples inclusiones que hay. Bien lo decía bell hooks en ‘Todo sobre el amor’, sin familias extendidas y sin amor es caldo de cultivo para un hogar autoritario. Necesitamos al Estado sin retroceso en las leyes. Necesitamos un Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, este es un país con alta tasa de feminicidio. Ahora hay que incluir a la familia cuando es en la familia donde pasan las cosas. Necesitamos que llegue la educación sexual, que los padres no les nieguen a sus hijos su propia sexualidad. Hay que seguir trabajando, con amor, no en la turba, no en Twitter, donde no hay discusión posible. Está probado que uno solo puede conversar y llegar a un entendimiento si uno está dispuesto en su corazón al cambio.    

Para finalizar, Katya, ¿qué temáticas te gustaría explorar en tus próximos proyectos? 

Ahora voy a escribir un libro infantil sobre Pedro Paulet para la Biblioteca Nacional del Perú. Tengo entendido y me causa alegría que se va a distribuir gratuitamente a nivel nacional y luego va a quedar como material de consulta. También estoy escribiendo una no ficción. Voy a hacer mi primer texto periodístico largo, porque escribo crónica, pero de formación soy periodista, así que iré a una no ficción en la que estoy trabajando con mucho compromiso.  

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