La UNCP durante la guerra interna: 61 ejecuciones (1990-1993)

Memoria 26 de julio de 2022
La violencia no fue ajena a los centros de estudios superiores. En esta nota recordamos los hechos de violencia ocurridos en la Universidad Nacional del Centro y que se encuentran reportados en el informe de la CVR.

universidad nacional del centro 2

Gladys Rosario Espinoza León (21) fue una de las víctimas que dejó el conflicto armado interno, en el caso de la Universidad Nacional del Centro del Perú (UNCP). En el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación figura que su fallecimiento se produjo un 25 de julio, un día como este, pero de 1992. Murió producto de un “traumatismo encéfalo craneano- toráxico- abdominal por proyectil de arma de fuego a corta distancia”. Era estudiante de la carrera de Trabajo Social.

La violencia no fue ajena a los centros de estudios superiores. En esta nota, recordaremos lo ocurrido en la Universidad Nacional del Centro, escenario donde se produjeron violaciones a los derechos humanos por parte de los grupos subversivos Sendero Luminoso, el MRTA, el destacamento de aniquilamiento "Colina" y por otros elementos de las fuerzas del orden.

Según la Comisión de la Verdad y Reconciliación, se identificaron 18 asesinatos cometidos por Sendero Luminoso, así como 43 ejecuciones y 31 desapariciones atribuidas a los miembros de las fuerzas del orden. 

De acuerdo con el informe de la CVR, la violencia política en Junín tuvo un alto costo en vidas humanas lo que la convierte en una de las provincias con mayor cantidad de muertos y desaparecidos, principalmente entre los años 1990 y 1993.  

La CVR indica que los primeros “ajusticiamientos” de Sendero Luminoso contra estudiantes de la UNCP se perpetraron en 1989. “El mes de abril de 1990 se incrementó su influencia en la universidad a través de la elección de las autoridades universitarias y del tercio estudiantil, que fue reconocido oficialmente en el Consejo Universitario. Aunque ello no significó la disminución de las ejecuciones senderistas. [...] Algunos de los episodios más sangrientos de esos tiempos se debieron a los enfrentamientos que el MRTA sostuvo con Sendero”, refiere la CVR. 

Desde 1988, la región  Junín, en particular la ciudad de Huancayo estaba bajo estado de emergencia. Los hechos de violencia política no disminuyeron y por el contrario comenzaron a incrementarse acciones subversivas al interior de la universidad. Los miembros de las fuerzas armadas respondieron con una política de detenciones, ejecuciones y desapariciones forzadas, que comenzó en 1990 y alcanzó su punto más alto en 1992.

“Las desapariciones y/o ejecuciones fueron perpetradas en forma sistemática, seleccionando las víctimas por sus actividades políticas, entre estudiantes, profesores, dirigentes sindicales y, por sus antecedentes penales, personas previamente detenidas bajo cargos de terrorismo, y en zonas donde previamente se presentaron enfrentamientos o atentados por grupos terroristas, como acto de retaliación”, refiere la CVR. 

Importancia de la memoria

Wilmer Medina Flores, docente de la Universidad Nacional del Centro, comentó que es importante tener memoria, debido a que sin ella “no se puede avanzar ni tener identidad, es decir el reconocimiento de lo que fuiste, de lo que eres y de las proyecciones de lo que puedes ser”.

“Se debe tener memoria colectiva. La memoria colectiva no va olvidar estos elementos que han sucedido y que nos ha afectado a todos los peruanos que hemos vivido en ese periodo”, dijo el también doctor en ciencias de la educación por la UNCP. 

Asimismo, contó que en el modelo educativo aprobado para la Universidad Nacional del Centro en su referencia histórica también hace referencia al conflicto suscitado en años pasados. 

“Donde vayas, si se esboza que es ex alumno o profesor de la Universidad del Centro, la pregunta inmediata será cómo es que vivió dicho periodo. Junto con la Universidad de Huamanga y la San Marcos, se ha idealizado como foco del proceso de subversión, en realidad mucha gente no ha estado involucrada con concepciones ideológicas de ese momento, pero han terminado siendo víctimas por un hecho eminentemente social, como un daño colateral. Esas huellas no se borran fácilmente. Es necesario que los estudiantes de ahora reconozcan ese proceso histórico para que no se vuelva a incurrir en esos errores”, sentenció el catedrático. 

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