Revisión: la violencia sexual en las instituciones castrenses

Derechos Humanos 17 de junio de 2022
La afectación contras las niñas y mujeres ocurre en múltiples instancias. También en las Fuerzas Armadas.

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La violencia sexual en nuestro país, a partir de las estadísticas oficiales, apunta a ser un problema endémico. La afectación contra los derechos y libertades de las niñas y mujeres ocurren en todos los ámbitos y las Fuerzas Armadas no están exentas de ello. La Factoría repasa algunos de los casos más relevantes de violencia de género dentro de las instituciones castrenses a partir de un dato puesto en agenda esta semana por la organización feminista Manuela Ramos: la inacabable lucha por el reconocimiento de los derechos laborales de D.B, la cadete que fue dada de baja por la FAP en represalia por denunciar por violación a un miembro de la institución. 

La cadete de iniciales D.B. era integrante de la Escuela de Oficiales de la FAP cuando denunció en el año 2008 que fue víctima de violación por parte del entonces alférez, Jesús Ferreyra Gala dentro de la instalación militar.  Su caso puso en el foco de atención otras situaciones de vulnerabilidad de las mujeres en los institutos castrenses, e incluso desde el Congreso se organizó un grupo de trabajo para investigar las denuncias de violación sexual al interior de las Fuerzas Armadas. 

Tras denunciar su caso, la joven cadete fue víctima de hostigamiento y aislamiento dentro de su propia institución. Su victimario fue ascendido a teniente. En el 2009, la joven cadete fue dada de baja de la Fuerza Aérea al considerar, según un informe, que presentaba perturbaciones psicológicas. 

Tras hacerse público el caso, la Fuerza Aérea sancionó a Ferreyra Gala con la expulsión. Posteriormente, la justicia civil lo declaró reo contumaz. Pasó a la clandestinidad. Recién en el 2018, fue capturado en Ica. 

Pero no es el único caso. Otra grave denuncia fue el caso de la soldado S.R. quien en el 2008 denunció haber sido violada por el mayor, Miguel Gómez en el cuartel Hoyos Rubio del Rímac. La joven que en ese momento tenía 19 años y denunció que le ordenaron que atienda como anfitriona en una reunión de oficiales inspectores del Ejército. Tras la denuncia, el mayor fue dado de baja de la institución.

Otro caso muy recordado fue el de la cadete Jackeline Velarde, quien en el 2011 fue expulsada del Instituto Superior Tecnológico Naval (CITEN) tras dar a luz en la Escuela Naval. Decidieron interrumpir su carrera tras convertirse en madre.

Instituciones violentas

Durante el conflicto armado interno (1980-2000), los miembros de las Fuerzas Armadas también han sido denunciados por casos de abuso sexual a mujeres civiles. El caso Manta y Vilca es uno de ellos,  y todavía aguarda justicia. Otro caso judicializado -y con condena firme- es la violación sexual y secuestro de una estudiante universitaria detenida en Lima en 1992. 

La abogada especialista en temas de género, Melissa Guillén consideró que al ser las fuerzas castrenses instituciones patriarcales y tener valores machistas hace que las denuncias no sean tan visibles.

“Hay un tema de obediencia de estos valores tradicionales alrededor de las Fuerzas Armadas que impide que muchos de estos casos salgan a la luz. Por tradición son instituciones androcéntricas. Son instituciones que por muchos años han tenido funciones de exclusividad masculina. Las mujeres poco a poco se han incorporado”, dijo.

La especialista refirió que si bien las mujeres han logrado con el tiempo ingresar a estos espacios de las fuerzas militares, todavía no se les reconoce su valor y capacidad. Asimismo, consideró que para prevenir casos de violencia de género, se debe partir desde la formación en las escuelas militares con un enfoque de género. 

“Toda la violencia parte de esta concepción de que los hombres tienen cierta superioridad por sobre las mujeres. Desde la misma formaciones, sobre todo en estos espacios machistas, una formación a los jóvenes que ingresan de estos conceptos de igualdad de género, de respeto, de no violencia. Además de capacitaciones, tiene que haber tolerancia cero, como medida preventiva que las mujeres sepan a dónde recurrir si ocurre un caso de violencia sea sexual o de hostigamiento”, indicó a La Factoría.

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