La mente de un pederasta y cómo enfrentarla

Actualidad 02 de mayo de 2022
En “Conversaciones con un pederasta” de la autora Amy Hammel-Zabin, “Alan” -oculto tras un seudónimo- detalla su propio perfil como abusador de menores. ¿Cómo prevenir que niñas y niños puedan ser víctimas de violadores como “Alan”?

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Alan” es el nombre ficticio de un hombre condenado por cometer abuso sexual infantil en el libro “Conversaciones con un pederasta”, de Amy Hammel-Zabin. A través de su relato en primera persona, “Alan” detalla su propio perfil como abusador de menores. 

En su crudo relato, “Alan” expresó haber crecido sintiéndose “diferente”, ese aspecto de su personalidad lo utilizó luego como justificación para sus delitos. “Yo era un niño y empecé a construir mi identidad no sólo en torno a un sentimiento de diferencia, también me veía como víctima”, describe en un pasaje.

Alan” relató que comenzó a abusar de otros niños desde niño. A los siete años, comenzó a auto explorar su cuerpo y a los nueve años, comenzó a transgredir el cuerpo de otros niños menores que él. La motivación detrás de sus actos estaba en la satisfacción que encontraba cuando ejercía poder sobre otros.

“En cualquier momento podía sentirme más fuerte y más al mando de mi vida obligando a alguien más vulnerable a que se sometiera a mis deseos. Este aspecto de la vida parecía ser el único ámbito que yo podía controlar y la única actividad que me proporcionaba una sensación de placer, de poder y de retorcida aceptación”, señaló. 

El abusador desarrolló habilidades para manipular a los niños y utilizó el secretismo para que sus delitos pasaran sin ser denunciados por muchos años. Luego, de la escuela “Alan” se unió al Ejército y, posteriormente a ello, se asoció a una iglesia local. También patrocinó a los boy scouts.

“Al recordar ese período me doy cuenta de que lo que hacía no era más que coger desprevenida a otra persona aún más vulnerable y manipularla para conseguir mis objetivos”, relata Alan refiriéndose a la forma como estructuraba la manipulación que le permitía acceder a sus víctimas.

La autora del libro que recoge las confesiones del pederasta, Amy Hammel-Zabin,  fue víctima de abuso sexual cuando era niña por parte de su abuelo y de su padre. Ella señaló en algún momento que “el secretismo es el quid del abuso sexual. Sin  él, no habría abuso”.

Precisamente, para “Alan”, el secretismo “era el componente que añadía una sensación de emoción, que intensificaban la agitación general que sentía al agredir”. 

La clave es la comunicación con los niños 

Stephany Orihuela Otárola, psicóloga especialista en protección infantil, indicó que un pedófilo es aquella persona que siente atracción sexual por niños y niñas y lo que lo diferencia de un pederasta es que el último sí comete algún acto de tipo sexual. 

“La pedofilia es una perversión de salud mental que se puede ir desarrollando en algún momento de la vida. Es una perversión. No es algo que se desarrolle con normalidad”, señaló la especialista a La Factoría. 

La psicóloga Orihuela indicó que el desarrollo socioemocional desde muy niño es importante para cuidarlos/as  de todo tipo de perversiones que podrían desarrollarse. 

“Por ejemplo, el fortalecimiento de su autocuidado, de su autoestima, de una salud sexual saludable. Es importante que niños y niñas tengan educación sexual integral para que puedan conocer la forma saludable para desarrollarse con otras personas. Un pedófilo es porque no tiene un correcto desarrollo de su sexualidad, cree que es normal que le puedan atraer los niños al punto de que puedan acercarse y abusar de ellos en una relación de poder/autoridad. Los niños y niñas deben aprender que nadie los puede tocar”, dijo la especialista.

En el relato, “Alan” auto exploró su cuerpo cuando era niño. ¿Qué deben hacer los padres cuando ven a sus hijos o hijas explorando su cuerpo? La psicóloga manifestó que el error de un padre sería prohibir o censurar dicha conducta. 

“Por ejemplo, un niño de 3 a 5 años es normal que tenga conductas de autoexploración, es decir, que se toque, porque está descubriendo su cuerpo. A veces las personas adultas pueden tener temor, susto o miedo y lo catalogan como una conducta prohibida y les dicen: ‘no lo hagas, eso es cochino, sucio’. Eso que es una conducta censurada provoca más interés, pero, de repente, de forma no saludable y lo hacen a escondidas, o con otros niños. Esto pasa a ser luego una conducta sexual problemática. Esto quiere decir, que puede ocasionar daño hacia uno mismo o hacia otra persona. Si esto sigue haciendo así, pasa a ser transgresor con otros niños, esto puede conllevar a prácticas abusivas con otros niños. Hay una gradualidad en esa gravedad, dentro de las conductas saludables hacia las problemáticas y abusivas”, explicó Orihuela

La psicóloga indicó que en un escenario en el que el niño se está tocando sus partes íntimas, los padres no deben hacerle sentir avergonzado, sino que se trata de explicarle que eso que le puede estar haciéndole sentir bien puede ser canalizado en otras acciones, como el deporte o juegos. 

En el caso de los adolescentes, es normal que tengan interés sobre el erotismo y busquen información sobre conductas sexuales, refirió la especialista. En ese sentido, consideró que es vital que el adulto oriente a los jóvenes. “Indicarles que la pornografía no es lo que realmente refleja la conducta sexual en la vida real. Si uno censura, ahí comienza un interés no saludable y comienza a desarrollar conductas que pueden llevar a trastornos de ese tipo, pedofilia, como otras prácticas abusivas”, dijo. 

La especialista también incidió en enseñar a niños y niñas sobre los límites, tanto con su propio cuerpo, como de los otros, así como en su relacionamiento social. “Por ejemplo, un niño pide un juguete a otro niño y éste no se lo quiere prestar. Puede ser que se lo arranche, ahí se le debe decir que ese juguete no es suyo, y se lo prestara cuando el otro niño termine de jugar, no se lo puede arrancar al otro niño, porque, definitivamente eso enseña, cuando es adolescente y luego adulto, que cuando una persona dice que ‘no’, tienes que respetar esa decisión, la opinión de la otra persona. No puedo transgredir, no puedo obligar, no puedo seducir, no puedo manipular. Ahí empieza todo tipo de actos manipuladores o de fuerza, que mi deseo esté por encima de la otra persona y se cometan ese tipo de actos abusivos”, explicó.

Finalmente, la psicóloga instó a las madres y padres a comunicarse con sus niños/as. Si bien hay padres que consideran que, hablando de estos temas, a los niños les genera más curiosidad, lo peor que se podría hacer es dejarlos expuestos a información errónea en Internet. “Los padres tienen que hablar con sus hijos, es la única forma de prevenir”, indicó.

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