Andrei Chikatilo, el violador sexual con disfunción eréctil

Actualidad 29 de abril de 2022
¿Cuáles son las motivaciones de un violador sexual? En esta nota, conoce el caso de Andrei Chikatilo, asesino y violador serial soviético, y como su historia revela cómo las construcciones culturales son las que llenan las calles de agresores sexuales.

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Andrei Chikatilo, o mejor recordado como el “carnicero de Rostov”, fue un asesino en serie. Era soviético. En 1992, fue condenado a muerte por violar, asesinar y mutilar a 52 adolescentes, niñas y mujeres entre 1978 y 1990. Fue ejecutado el 15 de febrero de 1994. 

Chikatilo nació en 1936 en una pequeña aldea llamada Yáblochnoye, actual Ucrania (en ese momento, territorio de la Unión Soviética).  Eran tiempos de la hambruna que devastó a Ucrania y que, según los biógrafos de Chikatilo, marcó su niñez al ver la muerte de cientos de personas. También, eran tiempos de guerra, por lo que vio de cerca escenas muy sangrientas que lo marcaron profundamente. 

Según el libro "The Killer Department", del periodista Robert Cullen, Chikatilo forjó un carácter asustadizo, tímido e introspectivo. Otro detalle que se conoció del asesino y violador en serie fue que tenía impotencia sexual, lo que fue motivo de intensas burlas entre la gente de su pequeña localidad.  

En 1971, obtuvo un grado de Maestro en Filología y logró obtener títulos en Ingeniería, Marxismo-Leninismo, Lengua y Literatura Rusa. Era un hombre inteligente. Comenzó a trabajar como profesor en un Instituto, donde sus alumnos no le obedecían o se burlaban de él, justamente, por ese carácter apocado. Durante esos años, Chikatilo comenzó a establecer un vínculo brusco, autoritario y abusivo con sus alumnos/as. Ese estado de cosas terminó con su despedido del instituto y Chikatilo se mudó a otra ciudad. 

En 1978, comenzó a trabajar en una ciudad llamada Shajty, en Rusia. Se pasaba el tiempo dedicado a observar a jóvenes escolares. Es de esa época de donde provienen las primeras noticias de su brutalidad, tan es así que en este período se tiene información de su primera víctima mortal,  una niña de 9 años, a quien con engaños raptó para llevarla a una casa abandonada.  

El psiquiatra Alexander Bukhanovsky, quien logró la confesión de Chikatilo años después, elaboró su perfil psicológico para dar con su paradero. Según este, el criminal utilizaba el cuchillo como un reemplazo de sus genitales que no le servían para sostener relaciones sexuales, con ello buscaba obtener en sus víctimas un pleno control y una poderosa sensación de poder. 

El modus operandi de Chikatilo era contactar a sus víctimas, en estaciones de ómnibus o de tren. Ahí las convencía para ir a un lugar boscoso, donde el hombre arremetía contra ellas. 

Crimen de poder

Los crímenes de naturaleza sexual no son motivados por el placer sexual, sino por “poder”, señaló la psicóloga clínica de Promsex, Rossina Guerrero, en una entrevista concedida a La Factoría. Ello tiene que ver con el "ejercicio de una masculinidad machista, patriarcal", añadió. 

“El hombre, que es el principal agresor, ejerce esa supuesta autoridad sobre las mujeres. Los propios relatos de agresores y algunas investigaciones demuestran que se activa esa masculinidad, basada en estereotipos, de lo que el hombre ‘debe ser’, que ‘decide’, ‘toma control sobre las mujeres’. Entonces, esos agresores dicen ‘yo fui hombre, porque tenemos esta posibilidad de tener relaciones con quienes nosotros estimemos’. Además que se construye una demostración de una sexualidad activa. El hombre tiene que ser activo sexualmente, pero eso no está cruzado por el placer sexual o con un descontrol de la libido”, explicó Guerrero

Según la psicóloga, ese abuso de poder es una inequidad basada en el género. La idea generalizada de que el hombre ejerce un dominio y poder todavía está muy arraigado en nuestras sociedades, refirió Guerrero.  “Eso que es social se imbrica en las estructuras mentales, forma parte de mi pensamiento, de mi psiquis, cómo configuro mi personalidad como ser humano”, dijo.

Según la psicología, estas estructuras mentales que se construyen socialmente son pasibles de ser cambiadas. 

El Gobierno planteó la castración química -hace algunas semanas- como respuesta a la problemática de la violación sexual. Sin embargo, este delito no está asociado a temas hormonales o de libido, incidió la especialista. “La castración química no tiene evidencia de haber funcionado en ningún país donde se ha aplicado”, dijo.

Para Guerrero, esa masculinidad machista y patriarcal se aprende desde muy niño. “Desde niños, se les pregunta: "¿Cuántas enamoradas tienes?". Hay un foco sobre la sexualidad masculina que debe demostrar que tiene muchas chicas. Hay una valoración de la sexualidad masculina distinta a la femenina. En la sexualidad se alienta al demostrar. Cuando el niño pasa a la adolescencia, todo se va sumando. Por ejemplo, es atacado si no tiene pareja o en la adolescencia se alardea de cuántas parejas tiene”, manifestó. 

La historia de Chikatilo, y el resumen de Rossina Guerrero, dejan claramente establecido que para violar sexualmente no se precisa de genitales, y cualquier medida que vaya en sentido de controlar, limitar, emascular  -física o químicamente- no resolverá, ni por asomo, la compleja situación a la que nos enfrentamos respecto del abuso sexual. La respuesta sigue estando en las construcciones culturales.

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