Perú vs Uruguay: el verdadero partido por ganar

Derechos Humanos 24 de marzo de 2022
En medio de la fiebre futbolera que concitó el Perú- Uruguay, hay todavía un partido que nos falta ganar y que nuestro rival, los charrúas, nos ganan por goleada: la educación. ¿Qué nos faltó para dar el “Centeniarazo” en esa cancha?

Por: Vanessa Cueva  

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El partido Perú vs Uruguay, recientemente jugado, nos envió de un porrazo a definir -una vez más-  nuestro pase a al mundial a través de un repechaje, a disputar el todo por el todo buscando el cupo al mundial Qatar 2022 y así, una vez más, la blanquirroja pinte las calles de un nuevo torneo de fútbol ante la mirada atónita del mundo. Pero esto solo pasa en el fútbol, porque en otras áreas la cancha está pintada de otra manera.

Uruguay es uno de los países de Sudamérica que nos lleva ventaja en muchos aspectos. Uno de ellos -quizá el más importante- es la educación. Las cifras hablan por sí solas. La buena gestión de los últimos años, su sistema de salud y el óptimo manejo de la pandemia marcaron la pauta que permitió no sacarle la roja a sus índices educativos. El Perú es, completamente,  el otro lado de la moneda. 

¿Qué nos faltó para dar el “Centeniarazo” en educación?

Los charrúas fueron quienes mejor hicieron frente a la pandemia generada por la Covid-19. Sin confinamientos obligatorios y pese a ser uno de los últimos en obtener vacunas, Uruguay logró ser ejemplo para muchas naciones del mundo. Su población siguió los consejos del gobierno y el virus estuvo bajo control. A partir de abril de 2020, el gobierno reabrió gradualmente actividades que había cerrado al inicio de la pandemia: construcción, comercio, restaurantes y las escuelas presenciales.

El uruguayo Alejandro De Barbieri, psicólogo clínico y laboral, señaló que parte de este trabajo también se logró gracias a que psicólogos, médicos y psiquiatras dieron muchas charlas y conferencias en escuelas y en los medios de comunicación sobre la importancia de regresar a las aulas, destacando tres ideas centrales.

La primera es que en muchos casos era más riesgoso quedarse en casa que ir a la escuela, debido a la violencia intrafamiliar, el estrés y la ansiedad por parte de los padres. La segunda, era que, si los padres tenían miedo enviarían a sus hijos a estudiar con miedo, y que eso les ayudaría a protegerse con el tapabocas, el lavado de manos y el distanciamiento social; y la tercera idea era que también es bueno que “los chicos estén fuera de la mirada de los padres para que puedan crecer, ser auténticos y desarrollar su autoestima”.

Bajo el mismo contexto, en el Perú la salud mental de las personas se vió mellada. Cifras del Instituto Nacional de Salud Mental (INSM) del Ministerio de Salud (Minsa) revelaron que el 52.2 % de la población de Lima Metropolitana sufre de estrés de moderado a severo, causado principalmente por los problemas de salud, económicos o familiares, como consecuencia de la COVID-19. Mientras que -según registros de los Equipos Itinerantes de Urgencia (EIU)- solo en 2020 se atendieron en el país alrededor de 18,439 casos de violencia contra la mujer, de los cuales 2,693 fueron por violencia sexual, 7,277 por violencia psicológica y 8,418 por violencia física, en su mayoría contra niñas, adolescentes y mujeres adultas. Todo esto, sin sumar que fuimos el país con más muertes por cada 100,000 habitantes.

Por otro lado, en Uruguay, la situación de la educación de los niños durante la pandemia fue privilegiada por el amplio acceso que tienen -a través de Plan Ceibal, a la plataforma educativa a distancia, algo único en América Latina, y que permitió que un 77 % de los niños y las niñas pueda continuar con su educación. Sin duda, un gran ejemplo. En Perú se comenzó una pobre política para contrarrestar la brecha digital en pandemia con una comentada entrega de tablets y la ejecución de la estrategia “Aprendo en Casa”, cuyo impacto aún no ha sido medido.

El gobierno uruguayo había implementado el Plan Ceibal 12 años antes de iniciarse la pandemia del coronavirus, mejorando la conectividad y el acceso a Internet de sus alumnos. Esta iniciativa otorgó a cada estudiante un computador, con lo cual, durante el tiempo que no hubo clases presenciales, todos los niños y jóvenes tuvieron acceso a la educación.  El plan Ceibal ha hecho posible integrar poco a poco la tecnología a la educación en el pequeño y, físicamente plano, país del candombe.

Por su parte, en el Perú, dado que no toda la población tiene acceso a internet o computadoras, el Gobierno, de la mano del Ministerio de Educación, lanzó la estrategia educativa a distancia “Aprendo en Casa”, que funcionó a través de tres canales: web, televisión y radio. Sin embargo, un año después de iniciada la pandemia, se pudo observar que estas medidas no fueron efectivas, si se usa como indicador la alta tasa de deserción escolar. En primaria, esta cifra aumentó dos puntos porcentuales en el primer año de pandemia 2020 y en la secundaria, 1.5 punto porcentual, lo que significa que 230,000 estudiantes abandonaron el colegio solo el 2020.

Al respecto, La Factoría conversó con Leticia Malaquio, Gerente del Centro por la Educación – IPAE. La especialista uruguaya enfatizó que -al margen de la pandemia- su país puso en primer lugar a la educación en todo momento. “Cuando viene la pandemia, los niños ya estaban preparados para migrar a este sistema híbrido, todos los niños ya tenían la computadora en su casa, la conectividad en Uruguay es a través del proceso de fibra óptica que se ha implementado ha generado que sea uno de los países con mayor nivel de conectividad. Entonces, el país estuvo apostando por reformas educativas que han trascendido gobiernos y que ha sido estables y que han permitido encontrar bases más sólidas (…) La pandemia ha sido un golpe, de hecho, ha causado sus estragos como en todo el mundo, pero encontró a un país más armado”.

Leticia Malaquio consideró que el Perú mantiene una deuda con la educación. “Ahorita, recién, dos años después recién estamos volviendo, haciendo el esfuerzo por volver a la presencialidad, todavía de una manera incompleta porque los protocolos que están establecidos nos llevan a ponernos ciertas trabas y tenemos que estar muchas veces en modelos semipresenciales cuando la urgencia es que vuelvan todos los niños a una educación presencial, tanto la educación básica, como inclusive en la educación superior. 


 
Por último, para la especialista en educación, es de vital importancia que el Gobierno implemente políticas de Estado en materia educativa que permanezcan en el tiempo y que vayan mejorando. “La importancia es que los países -en educación- impulsen políticas que no sean solo políticas de un gobierno, sino que sean políticas de Estado, o sea que continúen en los próximos gobiernos. En el Perú necesitamos cierta estabilidad en las políticas educativas para que puedan continuar. Tenemos un cambio de ministros en todos los sectores, pero en el sector educativo -especialmente- el nivel de rotación de los ministros es altísimo, eso no da estabilidad, no permite a veces que los planes continúen (…) Por ejemplo, Perú inició con ‘Aprendo en Casa’, fue uno de los países que más rápido respondió con una plataforma para suplir la emergencia. Sin embargo, no la ha continuado mejorando y ahora, inclusive, está en duda su continuidad (…)”, declaró para La Factoría.

¿Jugará en serio Perú, le partido por la educación o necesitamos ir al VAR cuando los datos del pozo educativo en el que nos encontramos son absolutamente concluyentes?

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