Perú y Ecuador, 27 años de la última escaramuza

Memoria 11 de marzo de 2022
Este es el relato del conflicto y busca hacer memoria para que el Perú, nunca más, se vea inmerso en un conflicto armado.

Por: Vanessa Cueva  

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En marzo de 1995, la llamada Guerra del Cenepa, el conflicto bélico desatado en el valle del río Cenepa, ubicado en el lado oriental de la Cordillera del Cóndor, en plena zona fronteriza entre Perú y Ecuador, y que cobró la vida de más de un centenar de militares -entre peruanos y ecuatorianos- llegaba a su fin. 

Un enfrentamiento que encontraba sus bases en la época de las guerras por la independencia de ambos países, a principios del siglo XIX. La situación se agravó aún más, luego de la separación de Ecuador de la Gran Colombia, en 1830, donde los límites en la cordillera del Cóndor no pudieron ser demarcados debido a su difícil acceso, y donde además vivían los entonces temibles reducidores de cabeza, la etnia Awajún. Excelentes guerreros asentados en esa zona desde tiempos inmemoriales.

Iniciada el 26 de enero de 1995 y finalizada el 28 de febrero del mismo año, la Guerra del Cenepa finalizó luego de la intervención de Argentina, Chile, Brasil y Estados Unidos, países garantes del Protocolo de Paz, Amistad y Límites de Río de Janeiro del 29 de enero de 1942. En esa ciudad se realizaron negociaciones de paz entre Perú y Ecuador. Pero para llegar a ese acuerdo, debemos hacer antes algunas precisiones.

Varios fueron los puntos que se establecieron en las negociaciones, luego del conflicto del Cenepa, a fin de llegar a un acuerdo de paz definitivo, el mismo que pudo ver la luz tres años después, sellado con la firma del Acta de Brasilia, el 24 de octubre de 1998 y ratificado poco después por los congresos de ambos países.

Hace tan solo cuatro años, en el Palacio de Carondelet, en Quito, el expresidente peruano Martín Vizcarra y Lenin Moreno, ex primer mandatario de Ecuador, recordaron la firma de paz de Brasilia, con motivo de los 20 años de dicho acuerdo. Sin embargo, Vizcarra Cornejo admitió que parte de las iniciativas suscritas en 1998, todavía no se habían concretado. Los ejes viales que debían unir las poblaciones fronterizas, los acuerdos de comercio y navegación en los ríos amazónicos y la supuesta inversión de tres mil millones de dólares en proyectos de desarrollo en la zona fueron algunos de los puntos destacados.

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Tiwinza y los acuerdos de paz, tras un siglo de conflicto

La guerra del Cenepa fue también conocida como el Conflicto del Alto Cenepa. Por aquel entonces, Sixto Durán Ballén, presidente de Ecuador, reclamaba como suyos territorios peruanos ubicados en el lado oriental de la Cordillera del Cóndor. Además, ya había establecido puestos fronterizos en dicha región a fines de 1994, algunos de ellos en territorio peruano. El Perú, bajo el gobierno del hoy reo, Alberto Fujimori, rechazó -como lo había hecho siempre nuestro país luego de la guerra con Ecuador de 1941 y el posterior acuerdo de limites conocido como Protocolo de Río de Janeiro- los reclamos territoriales ecuatorianos, y defendió su territorio de la avanzada del país vecino.

La relación entre ambos países había sido tensa desde décadas atrás. A principios del siglo XIX, algunos dirigentes peruanos aspiraban a incluir a las provincias de Quito y Guayaquil en la República del Perú, ya que habían estado comprendidas dentro de los límites del antiguo Virreinato del Perú. Pero tras la intervención del ejército libertador de Simón Bolívar esas provincias se integraron a la Gran Colombia, en 1822.

Entre los puntos que quedaron sin ser resueltos, luego de la separación de Ecuador de la Gran Colombia en 1830, estaba el de los límites en la cordillera del Cóndor, cubierta de una densa selva de difícil acceso y demarcación. Tras una serie de tensas disputas entre ambas naciones, y la mencionada guerra de 1941, se firmó el Protocolo de Paz, Amistad y Límites de Río de Janeiro el 29 de enero de 1942, el cual estableció un acuerdo de paz que fue garantizado por Argentina, Chile, Brasil y Estados Unidos. Ese era, para el Perú, el gran documento demarcatorio. Sobre él, trazó toda una tradición jurídica de defensa de los límites de nuestra frontera norte.

Tiempo después, el gobierno de Ecuador expresó su disconformidad con lo establecido en ese tratado, alegando que su país lo había aceptado ante las amenazas del Perú y las presiones de los Estados garantes. En el marco de ese desconocimiento, una suerte inaceptable de patada al tablero por parte de Ecuador, hizo que los sucesivos gobiernos de ese país validaran un mapa de fronteras con el Perú que contenía límites distintos a los establecidos en el acuerdo. No fueron pocas las generaciones de ecuatorianos que fueron educadas, y los libros escolares de esos años así lo evidencian, con mapas que ubican su frontera mucho más al sur de lo que estableció el Protocolo de Río.

Es así que, a finales de 1994, tropas del Ecuador instalaron puestos de frontera en el valle del río Cenepa  en territorio peruano. Esta ocupación provocó la reacción del Perú y el inicio del conflicto. Este sangriento enfrentamiento, que duró un poco más de 30 días, provocó la muerte de una gran cantidad de militares de ambos países y el debilitamiento de las economías de ambas naciones debido a los recursos financieros destinados a la compra de armamentos y otros materiales bélicos. 

La guerra finalizó en marzo del mismo año, luego de la intervención de los países garantes del Protocolo de Río de Janeiro. Tres años después, el 24 de octubre de 1998, se firmó el Acta de Brasilia, un acuerdo de paz y delimitación de fronteras, sellado con las firmas de los presidentes Alberto Fujimori y Jamil Mahuad, pero construido en función a la tesis que defendía el Perú y que se enmarcaba en el Protocolo.

En dicho documento, se acordó el reconocimiento por parte de la República del Ecuador del Protocolo de Río, y el retiro de sus tropas militares de la zona de conflicto. Además, Ecuador tendría acceso a la navegación del río Amazonas, sin que implicara concederle espacio fluvial soberano.

Por su parte, el Perú concedería a Ecuador un kilómetro cuadrado de tierra -en la localidad de Tiwinza-, que se encuentra en territorio peruano cerca de la frontera. Este espacio sería utilizado únicamente para fines ceremoniales relacionados al conflicto, no implicaba sesión de soberanía. Sin embargo, no se ha podido erigir ningún monumento, ni celebrar muchas ceremonias por una razón principal: es un terreno donde ha habido y aún hay minas antipersonas.

En este punto hay que destacar un hecho inaceptable que ocurrió durante el conflicto. Argentina, país garante del Acuerdo de 1942, le vendió armas a Ecuador cuando aún la refriega entre soldados de ambos países aún se producían. Un hecho que avergüenza a los hombres y mujeres de bien de Argentina que recuerdan cómo en la guerra de Malvinas, el Perú se la jugó íntegra por ellos, cediendo aviones y cohetes para enfrentar al poderío bélico inglés. Mientras Pinochet permitía el abastecimiento de aviones ingleses en sus aeropuertos, el Perú decantó toda su ayuda a quien luego traicionó el esfuerzo y el sacrificio de nuestro país.

Cabe mencionar que en 1997 se suscribió la Convención de Ottawa y el Perú es uno de los países firmantes. Esta convención se refiere a la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonas, y el compromiso de destruir las existentes, inclusive las que ya están enterradas. Hasta la fecha, dicha zona no ha podido ser despojada totalmente de las minas, debido al terreno agreste y a las difíciles condiciones en las que trabajan los militares de ambos países para ubicar y desenterrar los campos minados. Tampoco ha habido demasiado interés en hacerlo.

Con esto, se dio fin al último capítulo en la historia de los enfrentamientos armados en nuestro país y en Sudamérica. 

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