Las Bambas: Hablan las mujeres

Derechos Humanos 08 de marzo de 2022
Cotabambas, Apurímac, hablan las mujeres desde la provincia, los distritos y las organizaciones sociales de Cotabambas.

El sector minero, es profundamente masculino, pero desde la empresa privada se busca cerrar las brechas de género. Y frente al Estado, lo que significa ser una mujer en las mesas de diálogo de los conflictos sociales más complejos de los últimos tiempos.

Capítulo 1: Mujeres que luchan: Historias de mujeres en defensa del territorio, machismo, discriminación y lucha. Criminalización, afectación de la familia y el tremendo esfuerzo de cumplir con las labores de cuidado y también representar a su comunidad

Por: Leah Sacín Gavancho  

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La convocatoria para la licitación del proyecto minero Las Bambas se dio en el año 2004 y desde entonces, la zona, se convirtió en una de las que mostró una gran conflictividad social. Han pasado dieciocho años desde entonces y, más allá de los resultados productivos y el aporte económico del proyecto, lo vivido es preocupante. Cuatro personas fallecidas en protesta. Cuatro familias trastocadas, cuatro viudas y una decena de huérfanos. 

En dieciocho años mucho se ha escrito sobre los problemas ambientales y sociales que rodean al proyecto. Esta vez son las mujeres las que tienen la palabra para contar cómo una de las minas de cobre más grandes y productivas del Perú tiene un tremendo impacto en sus vidas. 

El rubro de las empresas extractivas es uno de los más difíciles para las mujeres profesionales. Según el "Informe de Empleo Minero 2019: Panorama y tendencias en el Perú", que realiza el Ministerio de Energía y Minas, habían 14,442 mujeres trabajando en el sector minero. Lo que significaba 8,360 más que en el 2009. 

En 2020 la Consultora Igualab calculaba que las mujeres dedicadas a la minería en Perú representaban 6.87% en la mediana y gran minería, 7.17% en la pequeña minería y 9.62% en la minería artesanal. Además, las mujeres en minería representan 21.6% en la administración, 12.1% en gerencia, 5.1% en operaciones generales y 3.3% en planta.

No hay cifras específicas respecto a la participación de mujeres en los Frentes de Defensa o en las juntas directivas y organizaciones  comunales, pero hay algunas respecto a representación política que reflejan la magnitud del problema: no hay ninguna mujer al frente de un gobierno regional y solo 2% de las alcaldías a nivel nacional son lideradas por una mujer. 

La protesta social alrededor del proyecto Minero Las Bambas también ha tenido rostro de mujer. En los comités de defensa ambiental y en las comunidades, muchas mujeres dirigentes han cumplido un rol fundamental en la lucha.

  • La vicepresidenta: Virginia

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    Llegamos hasta Haquira, provincia de Cotabambas, Región Apurímac, para entrevistar a Virginia Pinares. Ella fue vicepresidenta del Frente de Defensa de los Intereses de la Provincia de Cotabambas en los momentos más duros de la protesta social de Las Bambas. Estuvo allí en 2015 y 2016, los dos hitos más trágicos, pues fue cuando murieron sus compañeros. Fueron momentos de mucha tensión, pero también de entereza y unión. Las mujeres estuvieron en primera línea de defensa del territorio y el medio ambiente pero también al lado de las que más sufrieron.

    Uno de los temas que vuelve una y otra vez en los espacios de diálogo son los cambios que se hicieron de manera cuestionable en las modificaciones que se produjeron en los Estudios de Impacto Ambiental y que Virginia menciona haciendo énfasis en que el conflicto no es por oponerse a la minería. “En 2015 y 2016 cuando sucede el conflicto yo he sido Vice Presidenta del Frente de Defensa y por supuesto la provincial ha organizado la protesta y nosotros no nos hemos opuesto a la minería pero como regidora tenía que pedirles cumplir las 17 condiciones, estaba previsto que todo mineral iba bajo tierra a Espinar, pero han hecho un acuerdo con líderes y alcaldes y congresista de Apurímac y sin consultar lo han hecho diferente. Nosotros pedíamos que nos expliquen. Lo pedimos bajo documento”, recuerda.

    En ese momento Virginia nos habla de su vocación, aquella que ha marcado su vida: “Como dirigente yo siempre he participado, desde antes incluso de la minería porque es importante que estemos organizados y reclamemos por nuestros derechos como mujeres porque siempre nos discriminaban y siempre había vulneración de derechos, no educaban a las mujeres, no tenían DNI, siempre había machismo”, evoca con esa actitud rebelde que siempre la ha llevado a no quedarse de brazos cruzados ante aquello que considera injusto. 

    “Un pequeño grupo de mujeres aquí, en el distrito de Haquira, nos hemos organizado. Primero tuvimos un Congreso con políticos y teníamos, poco a poco, que organizarnos, nada de dedocracia todo por democracia para que también podamos ser elegidas”, relata.

    En ese trajinar dentro de las organizaciones es imposible no detectar el machismo que atraviesa a las comunidades, pero también a las organizaciones sociales “Las mujeres como dirigentes siempre tienen problemas para representar, sobre todo con la familia, pero hay que organizarse cuando se está planificado todo y hay que hablar con la familia, con el esposo, con los hijos para asistir a capacitaciones y reuniones, una siempre sale adelante”, pero para salir adelante Virginia sabe muy bien que a las mujeres les cuesta el doble. Las labores de cuidado son la prioridad y para tener tiempo de involucrarse en la comunidad debe primero cumplir con ellas. Es por eso que muchas veces van con sus hijos a las jornadas, a los talleres, a las reuniones de la comunidad. Cuesta el doble, pero para Virginia no hay barrera infranqueable.

    “Las mujeres siempre llevan no solo la casa sino también la chacra y hay la dificultad con la familia, pero hay que planificar, hacer doble esfuerzo. Yo he sido regidora acá del distrito el 2007 y 2010 y tenía que ir a mis capacitaciones para ser autoridad desde 2003 a 2004, he asistido a capacitaciones para dirigir y conocer cuál es nuestra función, hemos aprendido a planificar para cumplir con todo”. Para Virginia, “con todo”, significa encargarse de la casa, la comida, los animales, los niños, siempre el doble esfuerzo. “No solo hay que asistir a las capacitaciones hay que aplicar lo que aprendemos para que la familia también lo vea y valore”, agrega. 

    Los años en la lucha social le han enseñado que hay cosas que no cambian de un momento a otro y que tardarán varias generaciones en sacudirse. Pero cuando ocurra será, sin duda, por el coraje de mujeres como Virginia: “El machismo sigue, no ha cambiado en nada. Con la ley misma presiona, pero con las autoridades no se ha avanzado tanto. Pero hay un trato diferente para las mujeres de todas maneras”, señala Virginia, haciendo evidente que el machismo puede limitar sueños y posibilidades, por ejemplo los suyos: “A mí me hubiera gustado ir a la universidad y poder estudiar, o en un instituto, pero mi papá falleció cuando yo tenía doce años y en mi comunidad campesina no había secundaria, tras la muerte de mi papá no pude seguir estudiando”. Luego recuerda que la mayoría de familias que conocía de niña priorizaban la educación de sus hijos hombres. “Hubiera estudiado derecho y quizás también psicología, porque siempre hay que estar bien de la cabeza.”, finaliza con verdadera añoranza por todo aquello que siente le fue arrebatado. 

    Cuando Virginia dice que hubiera deseado ser abogada es también porque ha pasado los últimos ocho años de su vida enfrentada a la justicia. Ser dirigente y defensora del medio ambiente le ha traído juicios interminables. No solo hay un estigma social, especialmente hacia las mujeres, sino también la criminalización de la protesta. 

    “Mi hijo estaba estudiando y por los problemas que yo tenía de denuncias jaló el curso. Él es ingeniero ambiental, pero recién terminó este año y ha tenido problemas para encontrar trabajo. Hay una discriminación con mis hijos por ser yo dirigente. Nosotras no estamos en contra de la minería, pero queremos minería responsable, que cumpla con el medio ambiente. Que quede algo para ellos y que quede algo para la comunidad también”, dice Virginia.

    “- ¿Tus hijos te han pedido que dejes la dirigencia?- le pregunto: “Sí, me dicen ¿qué sacas tú? Al contrario, te hacen visible y no consigues trabajo, nos discriminan, es peor que te hagas visible. Los que nos quejamos luego tenemos a las autoridades en la mira”, responde con cierto sinsabor.

    Es una mujer directa, no titubea, no quita su mirada de la persona que le está hablando. De ideas firmes y un coraje noble y abnegado, Virginia reflexiona y se resiste a que la llamen y etiqueten como “antiminera”.“La minería debería traer proyectos sostenibles que se invierta en agricultura en salud, quién no va querer eso”, remata.

    La criminalización de la protesta social impacta -especialmente- la vida de las mujeres, interrumpe sus labores de cuidado, afecta a sus hijos y las estigmatiza ante sus familias. “Tenemos actualmente denuncias de parte del Estado y de la empresa también. Tres denuncias ya se archivaron y hay tres que siguen su rumbo. Son ocho años. Eso me ha cambiado la vida y es difícil, pero hay que seguir. Tenemos el justo derecho de reclamar como defensoras del medio ambiente”, enfatiza.

    En la pared de su casa, donde hoy no ha horneado pan como suele hacer casi todos los días, para vender y subsistir, cuelga un calendario con su rostro, un logo y un número para el Congreso. “En política he participado porque de la provincia de Cotabambas nunca han llegado al Congreso, entonces van de la región solamente, y somos siete provincias. Siempre van de Andahuaylas, por ejemplo, o de Abancay, pero nosotros no. A mí me interesaba participar a ver si de esa forma llegando al Congreso tal vez se puede visibilizar los problemas de las provincias”, nos cuenta.

    El sueño de ser abogada -quizá- ya nunca pueda ser, pero Virginia Pinares no piensa renunciar: “Me gustaría cumplir el sueño de ser autoridad en algún momento pensando en el futuro y qué va ser de los demás, nosotras ya estamos dejando la posta, me gustaría trabajar por el cambio y creo en el cambio de Constitución”. En Haquira, por ejemplo, nunca han tenido una alcaldesa.

    La política fue difícil, “todo era dinero” recuerda, pero lo que más la ha marcado fue su rol en la protesta social. Desde que asumieron como mujeres dirigentes en el Frente de Defensa tuvieron que batallar con los diferentes conflictos que traen los proyectos mineros. No sólo es el machismo son también los costos de lo que implica ser una mujer dirigente en un territorio extractivo minero y más aún en el proyecto Las Bambas, uno de los que mayores conflictos ha generado en los últimos años. 

    “Nos hemos organizado con todas las organizaciones de la provincia para poder apoyar a las familias y también buscamos a las organizaciones y con los dirigentes”. Las voces de las viudas del conflicto también tendrán algo que decir en esta historia. 

    “Dios tarda pero es justo y hoy se ve claramente que teníamos mucha razón, que teníamos derecho a reclamar y que como peruanos no estábamos bien atendidos. El Estado ha incumplido muchos compromisos, el pueblo no es loco para protestar.” Virginia reconoce que está cansada, pero sabe también que su espíritu es indomable y que seguirá -hasta que las fuerzas la acompañen-, levantando su voz por las injusticias que llegue a observar.

  • La profesora: Lizbeht

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    Lizbeht Abarca se refiere a las denuncias que le han interpuesto, como diplomas. Llega a la entrevista con un folder donde sus “diplomas” están organizados por etapas, hay denuncias de su vida sindical y otras de la lucha por el territorio y el medio ambiente. Lizbeht es docente de educación primaria y luchadora social en un pueblo conservador como es Tambobamba. 

    “Tenemos que buscar nuestros espacios para poder también representar a nuestro pueblo, llevar los destinos del país. Siempre pienso en las mujeres que asumen cargos de autoridad que nos representan a todas. En mi pueblo nunca hemos tenido una mujer de autoridad”. Lo que cuenta Lizbeht es una constante en la región Apurímac en donde nunca una mujer ha ocupado el cargo de Gobernador Regional. En las Elecciones Regionales y Municipales 2018 el porcentaje de mujeres elegidas en su región fue alrededor de 1% según información de IDEA Internacional. 

    A sus 42 años esta maestra con espíritu transformador tiene muy claro quién es y a dónde se dirige con cada paso que da. “Yo me considero una defensora del Medio Ambiente y en defensa de los compañeros, de la población, siempre he actuado. Desde joven he sido dirigente, en mi barrio, en mi comunidad y también en el SUTEP. El 2014 entré como Presidenta del barrio Huancallo y me uní a los frentes de defensa distrital, provincial, y hemos hecho un reclamo justo defendiendo el medio ambiente. Estaban haciendo muchos atropellos desde la empresa”, cuenta con convicción.

    En los momentos más álgidos de la protesta social, Lizbeht estuvo ahí y recuerda cada uno de esos momentos porque allí empezó a cosechar también las denuncias que, ocho años después, aún la persiguen. “En 2015 hicimos una protesta. En septiembre la movilización fue en defensa del medio ambiente. Yo fui como presidenta de mi barrio, Huancallo, y no sé si es delito”, plantea con mucha ironía, “haber querido reclamar”. Consecuencia de eso hemos sido denunciados. Yo vivo con tres denuncias desde hace más de ocho años por esa protesta”, recuerda.

    “En estos últimos años las mujeres se han empoderado para poder asumir los cargos de dirigencia y de autoridades. Yo hace seis años soy presidenta del barrio y la gente me lo pide, que siga, eso me hace sentir una responsabilidad y más por ser mujer. Pese a las denuncias y amedrentamientos yo sigo, y seguiré, defendiendo nuestra lucha”. Según la Federación Internacional por los Derechos Humanos (FIDH), los defensores del medio ambiente que enfrentan juicios ante la minera Las Bambas son alrededor de quinientos.

    La vida de Lizbeht ha transcurrido entre las aulas, las calles y los juzgados. Sin embargo no se arrepiente del camino elegido. “Sí, he sentido alguna vez que me han tratado de menos por ser mujer. Me he cruzado con maltratadores de mujeres, pero a mi no me amedrenta eso”, nos cuenta mientras reafirma que haber decidido permanecer soltera -y no tener hijos- fue una decisión coherente con su esencia como mujer”. Afirmó también que “cuando comentan por qué no me casé, por qué no tengo hijos, yo lo tomo como de quien viene. Pero, yo me he dedicado a ser dirigente, esa ha sido mi pasión y me dediqué netamente a eso. Mis papás siempre me han apoyado, nunca me han criticado por no casarme y tener hijos. Yo les agradezco a ellos y a mi hermana. Ella también ha sido siempre una líder”.

    Lizbeht lleva un sombrero al estilo de Tambobamba, son días de carnaval, pero ella nos dedica su tiempo porque le da muchísima importancia a su voz como mujer en el espacio público. “Yo no he sabido lo que es maltrato de pareja, pero muchas veces si menosprecio de los dirigentes y algunas autoridades locales. Muchas veces han querido que deje los cargos que he tenido, pero yo no soy así. Yo veo bastante machismo -lamentablemente- en mi distrito, yo soy tambobambina. A veces si tengo temor por todo lo que se ve de los crímenes. Pero no voy a dejar mi labor, miedo finalmente, solo a Dios”.

    Cuando piensa en un mensaje para las mujeres más jóvenes, para las que vienen detrás, piensa en esas pequeñas que llegan a su aula y en la emoción que siente de notar que cada vez son más: “Siempre como mujer hay que darnos un rol y cumplir con muchas cosas, a veces en casa, pero dense un tiempo, hagan valer sus derechos, busquen su espacio en la comunidad también. No solo tienen que estar en la casa, también pueden representar a su sociedad.”

    Hasta la fecha Lizbeth Abarca sigue enfrentando un proceso judicial iniciado por la denuncia de parte de la empresa minera MMG Las Bambas en 2016, el expediente 41 – 2016 sigue a la espera de que se inicie el juicio oral. Se le acusa, junto a otros compañeros de la comunidad, por los presuntos delitos contra la Tranquilidad Pública, en su modalidad de Delitos Contra la Paz Pública, tipo específico Disturbios, Delito contra el Patrimonio en su Modalidad de Daños Agravado, Sub Tipo  violencia o amenaza contra las personas. Respecto de estos dos delitos el fiscal ha formulado acusación y solicita penas que van de entre 8 y 9 años de pena privativa de la libertad. Han pasado seis años sin que el proceso culmine.

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Capítulo 1: Mujeres que luchan: Historias de mujeres en defensa del territorio, machismo, discriminación y lucha. Criminalización, afectación de la familia y el tremendo esfuerzo de cumplir con las labores de cuidado y también representar a su comunidad

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