La cuota de sangre: El pensamiento Montoya

Política 02 de marzo de 2022
El congresista Jorge Montoya declaró que "esta vacancia va a tener su cuota de sangre posiblemente". Pero, ¿quiénes utilizaban esta frase? ¿Qué significa? En esta nota te lo explicamos.

Por: Nicole Pinto 

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El congresista de Renovación Popular, Jorge Montoya se expresó de una forma muy desafortunada: "Yo sí creo que la vacancia va a ser complicada, no va a ser como la de Vizcarra, como la de Kuczynski que renunció. Esta vacancia va a tener su CUOTA DE SANGRE posiblemente". ¿A qué se refiere el congresista? ¿No ha habido ya en el Perú suficiente violencia como para querer cuotas de sangre? 

La abogada Gloria Cano, directora ejecutiva de la Asociación Pro Derechos Humanos - Aprodeh, mencionó que "llama mucho la atención que una persona que acostumbra a calificar a otras como senderistas, pro senderistas, afines al senderismo, utilice justamente las palabras del líder del terrorismo, Abimael Guzmán, para señalar desde su punto de vista que hay que derramar la cuota de sangre para lograr sus fines". 

Además, indica que "esto es inaceptable". "Yo creo que en una democracia no se puede aceptar este tipo de lenguaje, ni de mensajes", añade. 

¿Qué es la "cuota de sangre"?

La cuota de sangre fue una de las potenciales características de Sendero Luminoso, según las conclusiones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Estas están descritas en sus propios documentos, y en las directivas a sus militantes, sujetos a "pagar la cuota de sangre" e "inducir genocidio" pues "el triunfo de la revolución costará un millón de muertos". 

En el pensamiento Gonzalo, la idea aparece con claridad cuando se discute este tema. La "cuota de sangre" vendría a ser el sacrificio que el partido -o los militantes- tienen que pagar para poder llegar al triunfo de lo que ellos entendían como su revolución. En la sevicia senderista al azuzar los conflictos - o "atizar el avispero"- se acercaban al triunfo revolucionario. En palabras de Gonzalo Portocarrero, se trata "de provocar al enemigo, de inmolarse en una acción que demostrará el valor de los militantes y el carácter asesino de la reacción, en donde los caídos serán entonces mártires y modelos, mientras que sus familiares resentirán el odio que los impulse a la búsqueda de venganza". 

Según Gustavo Gorriti, la expectativa de un sacrificio glorioso fundamentada en el más absoluto fanatismo, fue discutida en la IV sesión plenaria del Comité Central de Sendero, en mayo de 1981. En Sendero. Historia de la guerra milenaria en el Perú (1990), el periodista explica que durante ese momento el actuar de Sendero había estado ligado más por la extravagancia que por la destrucción. 

Sin embargo, a partir de la sesión plenaria del Comité Central de Sendero, la situación cambió. Se trataba de "convertir a la guerra en preocupación central de los peruanos mediante el incremento radical de la violencia, expandiendo el sufrimiento, elevando la apuesta de la guerra, haciendo que "la sangre no goteará sino inundará". Para lograrlo era necesario convencer de dos cosas a los militantes senderistas: la necesidad de matar en forma sistemática y despersonalizada para aplicar la estrategia acordada; y, como premisa necesaria de lo anterior, la disposición o, más exactamente, la expectativa de entregar la propia vida".

Esto último es la cuota de sangre. Bajo estas tesis delirantes los militantes senderistas estaban dispuestos a matar, pero también a morir en nombre de su revolución.  

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