"El ojo que llora" a todas las víctimas

Memoria 25 de enero de 2022
El ministerio de Cultura, que preside la ministra Gisela Ortiz, publicó a través de Twitter que declaraba al memorial "El ojo que llora" como patrimonio cultural de nación.

Por: Nicole Pinto 

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"El ojo que llora" es un memorial ubicado en una esquina del Campo de Marte creado por la artista holandesa, radicada en el Perú desde 1968, Lika Mutal. Se inauguró el 28 de agosto de 2005 y nació como una iniciativa diseñada para honrar a las miles de víctimas del conflicto armado interno que vivió el país en los 8o y 90s. El objetivo fue fortalecer la memoria colectiva de todos los peruanos y promover la paz y la reconciliación en el país luego de los terribles años de violencia. 

Lo complejo de la propuesta de Mutal, plasmada en el memorial y que no quiere ser entendida por sectores políticos conservadores o por algunos miembros de las Fuerzas Armadas,  es que el punto de partida en este caso debe ser la caracterización de la violencia. Esa caracterización tiene una importante consecuencia a la hora de definir a quién se le considera una víctima. Es por ello que en los países donde las violaciones a los derechos humanos se identificaron como producto del terrorismo de Estado, se habla de víctimas de los crímenes estatales. Ello lleva a que se denoste a la milicia, se enjuicie a los militares involucrados, se construya una narrativa certera que apunta a un Estado responsable de no proteger a sus ciudadanos y coloca a los agentes estatales como los responsables de acciones inmundas: torturas, desapariciones, fosas comunes, violaciones sexuales, rapto de bebés, lanzamiento de personas desde aviones militares etc.

Sin embargo, en el caso peruano, en la caracterización de la violencia, se entiende que los abusos provienen de un conflicto armado. Eso quiere decir que son víctimas tanto quienes han sufrido la violencia subversiva como la estatal. La violencia de Sendero Luminoso infligida a los campesinos asesinados en Lucanamarca, al regimiento Húsares de Junín dinamitados en el centro de Lima,  a los militares y civiles que enfrentaron al terror de la organización genocida y fueron asesinados por la misma, -todos ellos- son víctimas.

En el derecho internacional, los "asesinados extrajudicialmente, incluidos los delincuentes condenados" se consideran víctimas. 

Pero también entran en esa consideración los terroristas asesinados por la acción del Estado que -en vez de haber sido llevados a juicio y encarcelados de por vida- como lo establecen las normas de convivencia en un Estado de Derecho, fueron ultimados por la acción de los agentes del Estado. Por ejemplo los presos de El Frontón muertos en un bombardeo, los presos senderistas del penal de Lurigancho, asesinados una vez rendidos luego de un motín, los torturados en el cuartel Los Cabitos etc.. En esta definición unos y otros son víctimas. 

Y aquí viene a tallar la difícil encrucijada que asume el memorial el "Ojo que llora", y es que en los miles de nombres que el memorial recoge se muestra a las víctimas de uno y otro bando. Esto, puede ser para mucha gente, inadmisible. Pero esto es necesario de cara a la reconciliación y al respeto de los derechos humanos como  forma esencial de nuestra convivencia. Allí el dilema.

En relación a lo anterior, el memorial  incluye a 41 senderistas que —ordenada por la máxima instancia judicial del Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos (SIDH)— fueron ejecutados extrajudicialmente en Castro Castro durante un motín y la posterior redada militar en mayo de 1992. Eso representa 41 nombres de un total de más de 20 mil. Like Mutal explicó que la Comisión de la Verdad y Reconciliación le proporcionó una lista de 32,000 nombres de personas que fueron consideradas víctimas del periodo de violencia. 

No fue hasta noviembre de 2006, cuando una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos basada en las investigaciones de la redada en la prisión de Castro Castro y las muertes de los 41 reclusos, declaró que estas muertes eran una violación de los derechos humanos. Además, la Corte instruyó al estado peruano para que reparase a las familias de las víctimas del penal y ofreciese un reconocimiento público y una ceremonia que honrase su memoria y a las familias de aquellos cuyos derechos humanos fueron violados en la redada. Está demás decir que si se hubiese actuado conforme a ley y respetando los derechos humanos, ningún senderista sería parte de este memorial, pero tal y como dice la CVR, "en ciertos lugares y momentos del conflicto la actuación de miembros de las fuerzas armadas no sólo involucró algunos excesos individuales de oficiales o personal de tropa, sino también prácticas generalizadas y/o sistemáticas de violaciones de los derechos humanos". 

El fallo de la CIDH estableció que los nombres de estas víctimas debían incluirse en el monumento en el próximo año. 

Todo esto causó indignación en ciertos sectores de la población. Por ello, el memorial "El ojo que llora" ha sido vandalizado múltiples veces. En septiembre de 2007, cuando Alberto Fujimori fue capturado en Chile y extraditado a Perú, un grupo de personas destrozó el memorial al remover piedras y verter pintura naranja en la piedra central. En octubre del mismo año, 500 fujimoristas acompañados de los congresistas Carlos Raffo y Kenji Fujimori, ingresaron sin permiso y marcharon por la zona del monumento en el Campo de Marte, ocasionando daños al laberinto retirando piedras.

Posteriormente, en 2008, tras un mitin a favor de dictador Alberto Fujimori, los fujimoristas José Contreras y Patricia Vásquez encabezaron un ataque contra el monumento y las personas que se encontraban reunidas celebrando un acto conmemorativo. Asimismo, en 2009, la piedra negra del monumento sufrió graves daños al ser arrancada de su nicho. El acto vandálico sucedió a pocos días del discurso de defensa de Fujimori ante el tribunal que le juzga por las masacres de Barrios Altos y La Cantuta. 

Tres nuevos ataques fueron registrados en 2014, 2017 y 2018. En todos se presentó el mismo modus operandi: remoción de piedras y daños al monolito central. Ante esto, el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM), así como organizaciones de víctimas de la violencia han manifestado su total rechazo al los ataques. 

El memorial está reconocido también por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en el mapa de los "Lugares de memoria vinculados a graves violaciones de los derechos humanos". Pero ahora que ha aparecido el nuevo grupo fujimorista, radical y violento llamado "La Resistencia", es de esperar que también atente  contra la obra de Mutal? ¿Lo vandalizarán? ¿Tratarán de traérselo abajo? No nos cabe duda.

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