Las torturas cotidianas en la base militar Los Laureles

Memoria 02 de noviembre de 2021
En la provincia huanuqueña de Leoncio Prado, la acción antisubversiva fue asumida por la autoridad militar de la Base Contrasubversiva 313 de Tingo María. El horror de todo lo que ocurría allí, narrado por las propias víctimas, es absolutamente escalofriante.

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Desde 1984 -en la base- se comenzó a registrarse un incremento de víctimas dentro de la instalación militar. Esto aumentó drásticamente cuando se constituyó el Comando Político Militar del Huallaga, esto fue en 1989. De ese momento hasta 1993 el número de agraviados dentro de la Base 313, también conocida como Los Laureles, ascendió de manera impresionante. 

Los relatos de la pesadilla vivida dentro del cuartel son escalofriantes. 

El 2 de noviembre de 1988, justo en un día como hoy en que escribimos esta nota, en el marco de un operativo militar, fue detenido Guillermo Sandoval Rojas. Se lo llevaron por no tener documentos. Sandoval transitaba cerca al puente Pendencia en el distrito de Daniel Alomía Robles, cuando fue trasladado a la fuerza a Los Laureles. Su hermano al enterarse de la noticia fue a preguntar a la base por él. Le negaron la información sobre el paradero de su hermano. Sin embargo, al preguntar: “(…) a unos soldados que estaban en la tranquera de control, éstos inmediatamente me respondieron: Sí, lo mataron en la noche y el cuerpo lo botaron al río” contó el hermano en audiencia pública de la CVR. Los soldados de la tranquera incluso le dijeron que Guillermo Sandoval “había saludado a los soldados diciendo ‘Buenas noches compañeros’, por eso lo acusan de senderista". 

Otros testimonios coinciden con las denuncias de los horrores que ocurrían en la base. Como el caso de William Arostegui Arévalo quien permaneció detenido 19 días en Los Laureles, donde “le exigieron 10,000 dólares a cambio de su libertad sin cargos en su contra”. Al negarse, un oficial, conocido como “El Verdugo”, le echó agua hirviente en todo el cuerpo dejándole cicatrices que hasta ahora son visibles”. 

Manuel Salvador Cautivo Mallqui, también pasó por Los Laureles. Estuvo detenido

16 días y fue “golpeado con diversos objetos, colgado, asfixiado y sometido a choques eléctricos en diversas partes del cuerpo, especialmente en las manos”. 

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Roger García Pérez, fue “golpeado y torturado, ocasionándole graves daños al oído”. Marcelino Pascual Cámara, permaneció ocho días en la base, donde fue “torturado físicamente con golpes, con la culata FAL, patadas y además fue amarrado de las muñecas, las pantorrillas, y le pasaron electricidad en una silla eléctrica que llamaban ‘la parrilla’, hasta que los ojos se le hincharon”. A Carlos Pérez Ascencio, lo torturaron durante nueve días con descargas eléctricas y patadas en los pulmones”. 

Una víctima que declaró también en audiencia pública ante la CVR fue detenido en Tazo Grande, distrito de Monzón, provincia de Huamalíes. El declarante sostuvo que cuando fue intervenido sus captores llamaron por radio a la base de Tingo María, comunicándoles a sus jefes que “(…)habían capturado a los tucos y desde la base les respondieron tráiganlos para sacarles las uñas y los dedos con cortauñas, pieza por pieza". Cuando lo trasladaron –contó la víctima– en helicóptero a Los Laureles “en el aire lo amenazaron con tirarlo del helicóptero si no avisaba dónde estaban los senderistas Ya en la base lo metieron a un cuarto donde había arena, al otro extremo charcos de barro donde lo metieron de cabeza: “(…) ahí nos tenían hasta que perdíamos el conocimiento y luego nos sacaban, después te amarran de los pies en unos postes y te ponen electricidad, te agarran los testículos y te pasan con un cuchillo como si te cortaran".

Y los casos siguen y siguen, tan es así que el río Huallaga es considerado hasta como la fosa común más grande del período del Conflicto Armado Interno.

 

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