Entre señas

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Todo lo que somos y nos rodea son solo costumbres, convenciones o consensos aceptados a lo largo de años por cada una de las miles y miles de sociedades que existen y existieron.

Manuela, a los 14 años, pasó de estar en una sociedad sumamente visible a una que parece que nadie desea escuchar, ni siquiera el mismo Estado.

Ella perdió la audición por completo debido a unos medicamentos tras una infección, además del factor genético que la perseguía desde ya un buen tiempo. De esta manera tuvo que dejar atrás su gusto por la música y empezar de cero.

“Al principio veía muchos obstáculos, por ejemplo no pude continuar con mis estudios secundarios porque la profesora me dijo que por ser sorda interrumpía a los alumnos”. Entonces, dejé de ir”, dice Manuela. Pero, ¿cómo no interrumpir si no escuchas ni una palabra?, ¿cómo no retrasarte, si la única opción es copiar lo que escribe tu compañero?

La situación fue complicada y parecía empeorar. “Le dije a mis padres para buscar un buen colegio para poder terminar mis estudios, pero jamás los encontramos”, recuerda Manuela con un poco de tristeza. Así, no le quedó más opción que ir al colegio de su hermana, que había nacido sorda; sin embargo, se llevó con la sorpresa que no se dictaban clases, solo talleres de costura o manualidades.

Pero, ¿realmente no oír o no ver, llega a ser una discapacidad?

“Cuando empecé a conocer a la comunidad sorda y ahora que convivo con muchos de ellos, supe que a estas alturas no hay barreras que nos impida progresar, todo lo podemos hacer como ir a la Universidad o instituto, solo necesitamos apoyo del Estado con un intérprete”, comenta Manuela con muchos ánimos.

El Centro de Educación Básica Alternativa (CEBA) Hipólito Unanue, en Mirones, ayuda a la comunidad sorda a que varios de sus alumnos terminen la secundaria. Cuenta con 4 intérpretes y más de 90 alumnos. No es un colegio especializado pero es el único de todo el país y está en Lima.

“Como soy de provincia no encontré una respuesta a la educación, entonces me decidí venir a Lima, allá en el 2008 no había ningún colegio especializado para mi hijo”, relata Sarita, quien tuvo que mudarse de Cajamarca a Lima.

Tal vez por esa escasez de educación estatal, existen varias asociaciones que se especializan en enseñar lengua de señas.

“Yo reconozco que he tenido que luchar mucho, como persona sorda, vivo en carne propia lo que es vivir en el silencio, ven como un impedimento que no escucho, pero, ¿por qué no puedo lograr lo que deseo? cuestiona Manuela.

Nuestra sociedad vive en una burbuja, nuestro Estado y Ministerio en un galaxia muy, muy lejana. La misma comunidad sorda está llena de inseguridades y desunión entre distintos grupos que se han ido creando pero las consecuencias las pagan los más jóvenes, los que desean progreso y trabajo digno.

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