El Cinematógrafo no ha muerto

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Una sala de cine pequeña, con no más de 25 butacas, que desde finales de los 60 se empeñó en ofrecer otra clase de cine.

Por: Karina Betancurt Manrique.
Mario Rivas Quiñones junto con Sonia Arispe, abrieron la sala “El cinematógrafo” en 1968. “La sala la abrimos porque siendo personas de cine (…) digamos que siempre es bueno tener un espacio donde pudiéramos proyectar el cine que nos gustaba”, explica Mario.

“En “El cinematógrafo” lo que hemos dado es cine de calidad, la diversidad era el espíritu principal (…) proyectábamos películas orientales, asiáticas, europeas (…) y por supuesto con un acento muy fuerte en el cine peruano” resalta el dueño.

Pero, ¿por qué es importante darle un espacio a este tipo de cine no tan comercial? “El cine siempre muestra la diversidad cultural de los países y de los directores que representan”, respondió.

El Cinematógrafo empezó a decaer con la construcción de un edificio al lado que les hacía imposible seguir con la reproducción de películas. Sumado a ello, la nueva era digital empezó a crear una merma en la asistencia del público.

A pesar de ello, “El cinematógrafo ha dejado de propalar películas, pero no está muerto”, dice Rivas. Aún conservan sus licencias, reconocimientos y la esperanza de volver a ofrecer sus servicios.

Hasta la fecha peruanos y extranjeros se acercan a tocar el timbre y preguntar por la programación del apreciado cinematógrafo. “En algún momento podríamos tener una especie de reapertura o reinauguración”, añade Rivas.

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Fecha: 24/08/2018
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